Solemnidad del Corpus Christi

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 51-58

-«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

-«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

-«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

Una y otra vez, nos viene el recuerdo del famoso dicho popular  “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.  

En España, entre otro sitios y lugares, dos de esto tres jueves, han sido modificados de día dentro de la semana, pasándolos al domingo siguiente a la correspondiente festividad con alguna excepción en la del “Corpus Christi” que se sigue celebrando en algunas ciudades el mismo jueves correspondiente.

Corpus Christi, en latín, “Cuerpo de Cristo” o Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, antes llamada Corpus Domini “Cuerpo del Señor”, es la principal finalidad de proclamar y aumentar la fe de los católicos con la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día festivo oficial (ciertas partes de España, Austria, partes de Alemania y Suiza, Brasil, República Dominicana, Bolivia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal, Perú y Venezuela).

En España dejó de ser un día festivo hace algunos años, excepto en los municipios donde es fiesta local, y desde entonces la Iglesia lo celebra el domingo siguiente.

Las celebraciones del Corpus suelen incluir una procesión en la que la hostia, el mismo Cuerpo de Cristo, se exhibe en una custodia e incluso saliendo con toda solemnidad por las calles de las ciudades.

Otra costumbre de igual sentimiento, es engalanar los balcones con flores y adornos o emblemas de entidades y asociaciones religiosas, que serán verdaderas exposiciones en los diferentes recorridos de cada localidad.

Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de los católicos en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

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Palio Logroño

¿Pero cómo y cuando se inicia esta festividad?

En el siglo XIII había prácticas religiosas que eran tildadas de herejías por la jerarquía católica porque se apartaban peligrosamente de las enseñanzas doctrinales de la Iglesia.

Estas prácticas convivían al mismo tiempo con ciertas creencias ancestrales de origen natural. La mayoría eran pervivencias atávicas de determinados rituales paganos, que tampoco tenían nada que ver con las enseñanzas de la Iglesia oficial, pero que el pueblo compaginaba con las prácticas cristianas.

Es en este contexto cuando nace la festividad del Corpus Christi. En aquella época, todas estas corrientes contradictorias y opuestas en el seno de la misma Iglesia católica acabaron estableciendo una verdadera guerra de milagros entre las diferentes posturas con el fin de validar la tendencia que cada uno defendía. La mayoría de estos hechos visionarios y milagrosos se centraban en el Sacramento de la Eucaristía y se acabaron convirtiendo en cruciales para defender los postulados oficiales emanados de la jerarquía eclesiástica.

Una de las herejías más divulgadas del momento, y uno de los detonantes originarios de la institución del Corpus, fue la profesada por Berenguer de Tours, que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No hace falta decir que esta teoría no gustaba nada a la Iglesia oficial, cansada por otra parte de tantas heterodoxias, debates y polémicas religiosas y que veía entonces cómo alguien atacaba directamente uno de los postulados básicos de su doctrina.

En Lieja, Bélgica, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Bethune (1192-1258) tuvo una visión que interpretó como la necesidad de instituir una celebración a la presencia de Jesús en la Eucaristía.

La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont de Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Por diferentes intrigas tuvo que irse del convento. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Juliana, desde joven, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haberse intensificado por una visión que ella tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad. Ella comunicó esta visión a Roberto de Thorete, el entonces obispos de Liège, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos; a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Liège, después obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén y finalmente al Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; también el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan debía escribir el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

El obispo Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez con los cánones de San Martín en Liège. Jacques Pantaleón llegó a ser Papa el 29 de agosto de 1261. La ermitaña Eva, con quien Juliana había pasado un tiempo y quien también era ferviente adoradora de la Santa Eucaristía, le insistió a Enrique de Guelders, obispo de Liège, que pidiera al Papa que extendiera la celebración al mundo entero.

El Papa Urbano IV instituyó pues la celebración del Corpus Christi para la Iglesia Católica Universal, fijándola el Jueves después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Por otro lado, se cuenta que en el año 1264 el Padre Pedro de Praga, Bohemia, dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte.

De regreso de Roma, Dios se le manifestó de manera milagrosa ya que cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre.

La noticia del prodigio llegó pronto al Papa Urbano IV, que se encontraba en Orvieto, ciudad cercana a Bolsena. Hizo traer el corporal y, al constatar los hechos, instituyó definitivamente la Solemnidad de Corpus Christi. El mismo Papa Urbano IV encargó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral de Orvieto donde aún se encuentra la sagrada reliquia.

Esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica.

Tambien en Daroca (Aragón), se cree que fue la primera población de España, y posiblemente del mundo, en la que desde veinticinco años antes, ya se celebraba una fiesta pública en honor del Santísimo Sacramento. Tuvo esta su origen en el “milagro de los corporales” que se veneran actualmente en la parroquia de Santa María.

En 1239, el párroco, don Mateo Martínez, celebraba la misa en la que iba a consagrar, además de la suya, seis hostias para la comunión de los capitanes de las tropas cristianas que se preparaban para conquistar el castillo de Chio en poder de los árabes.

El ataque inesperado de los moriscos, inmediatamente después de la consagración, obligó a todos a abandonar la misa y a enfrentarse a los atacantes. El sacerdote comulgó rápidamente y, para que las seis hostias recién consagradas no fueran profanadas, las ocultó bajo unas piedras; obtenida la victoria, cuando regresó al pedregal para recuperarlas las encontró teñidas en sangre y pegadas a los corporales en los que habían estado envueltas. Estos fueron a partir de entonces como la bandera que animaba a los soldados cristianos en sus luchas contra los enemigos de la fe en un tiempo en el que la península ibérica estaba sometida al Islam.

Ocurre, como en la solemnidad de la Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con otros motivos. Este es el día de la eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo que recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos» (Concilio de Trento).

Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención.

Custodia

El Sacramento de la Sagrada Eucaristía

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: ” En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente.”

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos.

Hay tres aspectos o momentos en la Eucaristía. El primero se dice real Presencia de Cristo en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa. Y tercero, la Santa Comunión.

La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa “Acción de gracias”. Se aplica a este sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.

La Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas.

El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario. En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el mundo.

La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya el banquete mesiánico del Reino de los Cielos.

Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él.

Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia. Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por los Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta.

Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Las procesiones son a modo de públicas manifestaciones de fe; y por eso la Iglesia las fomenta y favorece hasta con indulgencias. Pero la más solemne de todas las procesiones es la de Corpus Christi. En ella se cantan himnos sagrados y eucarísticos de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico y de la Eucaristía. Algunos de los himnos utilizados tradicionalmente son: Pange lengua; Sacris solemniis; Verbum supérnum; Te Deum, al terminar la procesión; y, Tantum ergo, al volver de la procesión, en torno del altar para finalizar.

Canto Eucarístico

Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor.

Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Unamos nuestra voz a los cantares del coro celestial.

Dios está aquí, al Dios de los altares alabemos con gozo angelical.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor.

Honor y gloria a Ti, Rey de la Gloria, amor por siempre a Ti,

Dios del amor.

En la fiesta entrañable del Cuerpo y la Sangre del Señor invito a los lectores a meditar el soneto que escribió el que fuera vicario general de nuestra Diócesis, José Luis Moreno (+ 23.6.2009)

 A JESUCRISTO, PAN DE VIDA

Grano terrestre de origen divino,
que naciste en Belén por mi sustento,
tuviste en Nazaret florecimiento
y en tu Jerusalén era y destino.

La cruz en que moriste fue molino
que convierte en harina y sacramento
tu cuerpo triturado, testamento
que paga al hombre en pan su desatino.

Llamaste a tu sacerdote ya contigo
al gozo del Reino verdadero
invitado a la mesa del amigo.

Concédele, Señor, como postrero
Don celeste consagrar tu buen trigo
y ejercer junto a ti su ministerio.

San Antonio de Padua

13 DE JUNIO SAN ANTONIO DE PADUA. SACERDOTE FRANCISCANO. DOCTOR EVANGELICO. Lisboa 15 Agosto 1191/1192.+Campo di Ponte-Padua (Italia) 13 Junio 1231. (40 años)

INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Nació en Lisboa en 1191/1192. La tradición fija su nacimiento el 15 de agosto. El estudio antropológico llevado a cabo sobre sus restos mortales en la exhumación de 1981 dice: “La altura de fray Antonio se fija en 1,69 metros. Se puede concluir con un buen margen de seguridad que el santo murió en torno a los 40 años”. En el bautismo, celebrado en la catedral, le pusieron por nombre Fernando con los nobles apellidos de Martins de Bulhoes Taveira Azevedo.

Sus padres, Martín de Alfonso, caballero al servicio de Alfonso I de Portugal, de los Bouillón y María, de la familia Taveira. “La Rigaldina” (antigua biografía) refiere que Fernando era el primogénito. Documentadas sólo tenemos constancia de su hermana Maria Martins fallecida en 1279.

“La Assidua” (la primera biografia antoniana) dice que fue confiado a la escuela de la catedral para que le instruyesen las sagradas letras; allí tenía un tío suyo, de nombre Fernando, que era canónigo-maestrescuela. Estudió el “Trivium” y el “Quadrivium”.

-“La Benignitas” (otra biografia suya) describe al joven Fernando diciendo que era buen oyente de la Palabra de Dios y que echó sólidos cimientos al edificio de su vida espiritual.

HACIA LA VIDA RELIGIOSA

“La Vida Primera” (otra biografia antoniana) refiere que llegado a la edad de casarse no se dejó seducir por los estímulos de la carne ni por los placeres que le brindaba la brillante vida pública portuguesa sino que se decidió a abandonar el mundo y determinó entrar en la canónica de San Vicente de Fora, de los Canónigos Regulares de San Agustín, levantada junto a los muros de la ciudad.

Familiares y amigos no comprenden esta decisión e intentarán con todos sus medios recuperar a Fernando. “La Rigaldina” habla más directamente de una fuerte crisis dentro de la familia, una crisis que Fernando resuelve personal y unilateralmente con la renuncia a la herencia paterna. Unos y otros lo acosan en San Vicente de Fora.

TRASLADO A COIMBRA

La situación es insostenible en San Vicente y esto hace que pida ser trasladado al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, la “casa madre” de la orden en Portugal. Allí llega en torno a 1212. Ha tenido grandes maestros como el Maestro Pedro y Petrus Petri, hombres eminentes en el saber; ahora en Santa Cruz, la escuela de los Victorinos de París dejará en él una profunda huella agustiniana y la influencia de la personalidad de Hugo de San Víctor.

El ambiente de comunidad y apostolado de Coimbra se ve sacudido y perturbado por los enfrentamientos entre los reyes de Portugal y la Santa Sede, llegando a vivir en sus claustros banderías y discordias entre grupos de canónigos de uno y otro bando.

El rey Alfonso II llega a desterrar al obispo de Coimbra y en su lugar coloca al de Oporto; el rey se ve apoyado por el prior de Santa Cruz. Inocencio III excomulgó al prior, esclavo del rey. Esos hechos ayudaron a Fernando a madurar y forjar su propia personalidad.

LLEGADA DE LOS CUERPOS DE LOS PRIMEROS MARTIRES FRANCISCANOS.


SE HACE FRANCISCANO.

Los “Hermanos menores” o “franciscanos” llegaron a Lisboa en el año 1219. Bajo el ministerio de fray Juan Parenti, primer ministro provincial de España, se extendieron por la Península Ibérica. Al llegar a Coimbra se albergan en el pequeño eremitorio de Olivais, dedicado a San Antonio Abad.

La tensión que vivía dentro de sí por el clima turbador que se daba en el monasterio y la savia renovadora que percibía en la fraternidad franciscana de Olivais le hacen sentirse atraído hacia ese nuevo estilo de vida y discierne el futuro de su vida evangélica no sin antes pasar por una profunda crisis espiritual.

Con frecuencia se ha acaramelado la vida de San Antonio, hasta hacer de ella un cuento de hadas, pero su vida fue una forja de recia personalidad, una lucha por la santidad, una valentía constante para el apostolado y para seguir adelante a pesar de la enfermedad.

Un hecho le animó a dar el paso decisivo hacia la nueva orden: la llegada a Coimbra y en concreto a Santa Cruz, de los restos mortales de los protomártires franciscanos (Bernardo y compañeros) muertos en Marrakech. Para acoger y acompañar las reliquias de los mártires, el ministro provincial de España, Juan Parenti, fue a Portugal. Y es entonces cuando recibe a Fernando Martins en la fraternidad de los hermanos menores.

La ceremonia de paso de una orden a otra, fue muy sencilla y a puerta cerrada. Fernando cambió el hábito blanco del canónigo regular de San Agustín por el sayal ceniciento y la cuerda que lo ciñe del fraile menor. En esa misma ceremonia cambia el nombre de Fernando por el de Antonio; toma este nombre del lugar donde moraban los frailes menores, San Antonio Abad de Olivais.

El salto que el Espíritu le pide dar es considerable: pasar de una monasterio bien consolidado y prestigioso como el de Santa Cruz, a nivel eclesial, social, docente y económico, a una orden de reciente fundación, cuya única fama y reputación se basaba en que sus miembros eran “católicos” y apreciados por el papa.

Otro riesgo que corre es la incomprensión de su familia que si no había aceptado que entrase entre los canónigos regulares amparados por la nobleza y monarquía, de muy mala gana soportaría el paso a una orden desconocida y carente de prestigio y renombre. Así que abandonado su primitivo nombre, y su familia, ahora se decide a abandonar su propia tierra para ir a una misión en Marruecos.

MARRUECOS

Fray Antonio emprende un viaje que radicaliza su opción de vida religiosa y al mismo tiempo, entre su decisión y los criterios de su familia no sólo va a poner tierra de por medio, sino también mar. Es posible que conociese el árabe. Debía ser en otoño de 1219. Con él se embarca el hermano Felipe de Castilla; se dirigen a Marruecos, probablemente a Ceuta.

Nada más llegar a Marruecos, sus ilusiones e ideales se desvanecen segados por la enfermedad. Una fiebre altísima, la fiebre malaria, agotaba su organismo. Temen por su vida, por lo que determinan que vuelva a Portugal. Marruecos será una renuncia más en el rosario de renuncias de su vida.

Sólo estuvo unos meses en Marruecos, meses de desolación, pero no tiempo perdido. Aprendió a reconciliarse con las circunstancias del momento y del ambiente. Eso sí, su salud se vio comprometida para siempre, con diversos achaques.

RUMBO A ITALIA

Con la llegada de la primavera el mar se abrió a la navegación. Antonio toma una nave que se dirigía a las costas españolas para desde allí encaminarse a Portugal. Las primeras biografías narran que una tempestad condujo la nave hacia Oriente y que encalló en las cosas sicilianas.

Antonio se detiene en Milazzo, donde había una pequeña fraternidad franciscana, quedándose allí el tiempo imprescindible para terminar de reponerse.

EL CAPITULO DE “LAS ESTERAS”
San Francisco había convocado a sus frailes a Capítulo General. Antonio llegó débil y enfermizo al famoso capítulo de las Esteras en 1221. Estaban alrededor de tres mil hermanos de las 23 provincias; el ambiente era juvenil, optimista y eufórico. San Francisco les presentó la Nueva Regla aprobada por Inocencio III. Y toma decisiones pero la coordinación general estaba ya en manos de fray Elías, encargado de hacer el destino de las provincias a los hermanos.

Antonio pertenece a la provincia española, pero nadie le reclamaba porque era un perfecto desconocido; decidió hablar con el hermano Gracián ministro provincial de La Romaña y unirse a su proyecto. Gracián le envía al eremitorio de Montepaolo, un lugar propicio para la recuperación física y espiritual.

DE MONTEPAOLO A BOLONIA

Recordando este tiempo de gracia y contemplación, Antonio escribe en sus Sermones: “La suavidad de la vida contemplativa es más preciosa que todas las actividades y cuanto se pueda desear no es comparable con ella. En la suavidad de la contemplación, el alma rejuvenece”.

Un año después, en el mes de mayo o septiembre de 1222, en la catedral de Fordi hubo ordenaciones de franciscanos y dominicos. Para felicitar a los ordenados se encargaba a un orador que hiciese el panegírico. Había sido encargado un dominico pero no pudo venir; nadie aceptaba hasta que el hermano Gracián se lo pidió a Antonio.

Antonio, ensalzando la sublimidad del sacerdocio, manifestó la calidad de su formación, la altura de su oratoria y la profundidad de su discurso. A partir de ese momento se le va a encomendar la predicación al pueblo de Dios.

Después de su recuperación física y espiritual Gracián le ofrece la predicación en la provincia de Romaña en la que abundan los grandes centros urbanos: Bolonia, Cremona, Parma , Rímini, Milán, Verona, Piacenza, donde hay industria, comercio, banca, mano de obra barata procedente de los campos; en estos lugares se difunden las doctrinas cátaras.

EL MILAGRO DE LOS PECES Y DE LA MULA.

Los peces salieron del agua para escucharlo

En Rímini, Antonio predicó al pueblo y constató que no era fácil ganarse el aprecio de la gente. Sufrió mucho, se vio aislado y entonces se dirigió fuera de la ciudad, al puerto, a la desembocadura de los ríos, a las periferias donde están los “menores”.

En este ambiente se realiza el milagro de los peces como lo llama la leyenda Florentina: se cuenta que al ver que no querían escuchar su sermón los ciudadanos, se dirigió a los peces, que al punto salieron del agua para escucharlo. Lo importante es el cambio de actitud de muchos curiosos. Así se hilan las “florecillas antonianas”.

La catequesis de Antonio se ciñe a la confesión y la Eucaristía, muy en sintonía con los criterios de Honorio III y las cartas de San Francisco. Los cátaros negaban la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El gusanillo de la inquietud penetró en Bonillo, obispo cátaro que lo bombardeaba a preguntas. Al final se convirtió y arrastró a muchos.

Y el animal se arrodilló ante la Eucaristía

Un día, cuenta la tradición, un ciudadano de Rímini le propuso a Antonio algo inesperado: “Tengo una mula en mi casa. Defiendes que Jesús está presente en la Eucaristía, pues bien, yo no daré pienso al animal durante tres días. Al cuarto, tú te presentas con la Eucaristía en la calle mayor, mientras yo pongo la mula ante un pesebre lleno de cebada. El animal será un signo”. Y se cuenta que el animal se arrodilló ante la Eucaristía.

El testimonio de su vida fue el mejor desafío misionero que Antonio de Padua presentó en el ambiente cátaro de Rímini.

MAESTRO EN TEOLOGIA

En el capítulo celebrado en Arlés, mientras Antonio predicaba,
san Francisco, que aún vivía, se apareció estigmatizado.

El hermano Gracián pide a Antonio que vaya a Bolonia, ciudad universitaria donde se abre a los frailes menores la enseñanza de la teología y a Antonio se le encomienda la enseñanza de la misma a sus hermanos.

Mientras enseña en Bolonia llega una carta entrañable de San Francisco: “Al hermano Antonio, mi obispo, el hermano Francisco de Asís: salud. Me agrada que enseñes la sagrada teología a los hermanos, a condición de que, por razón de este estudio, no apagues en ellos el espíritu de la oración y devoción, como se contiene en la regla”.

Con esta carta la orden franciscana obtiene de su fundador el apoyo de la cultura, el saber teológico y filosófico. Francisco aprueba y bendice el primer estudio teológico de la orden y otorga a Antonio el título de “obispo”; así como el obispo tiene la “cátedra” para enseñar al pueblo, Antonio tiene la suya para la enseñanza de teología a sus hermanos. La enseñanza no mermó su dedicación a la predicación porque los crónicas lo califican como “eximio predicador de esta ciudad” (Bolonia)

EN EL SUR DE FRANCIA.

Pronto la obediencia lo destinó a las ciudades del Sur de Francia por dos motivos: iniciar una cruzada “al estilo franciscano” en tierras dominadas por los albigenses y continuar la enseñanza de la teología en ciudades universitarias de esa región francesa.

En estas tierras francesas, Antonio mantuvo la firmeza de su fe con el ejemplo de su vida, la predicación y la catequesis al pueblo cristiano y el diálogo y la disputa con quienes tenían ideas distintas de las suyas y de la Iglesia. La cátedra de teología la trasladó a Montpellier y Tolosa, dos ciudades universitarias en las que además de formar y enseñar halló también un campo de encuentro con la juventud universitaria.

UN ACONTECIMIENTO DE BILOCACIÓN

“Las florecillas antonianas” nos dicen que se cuenta que el día de Pascua, en Montpellier, Antonio se había comprometido a cantar el aleluya en la iglesia del convento durante la misa. Pero a esa hora se encontraba predicando en la iglesia de San Pedro de Quyrois. Los frailes dicen que entonó el aleluya. Y los feligreses de San Pedro afirman que en el sermón hubo una pausa. Unieron los tiempos y claro está, cantó el aleluya y predicó; (es este uno de los ejemplos de bilocación que de él se cuentan).

CUSTODIO DE LIMOGES

Durante su permanencia en Francia fue guardián del convento de Le Puy en Velay. En 1225 fue nombrado custodio de Limoges, que reunía los conventos del Limousin. En cierta ocasión Antonio predicaba en la plaza del mercado de Limoges, ya que la iglesia era pequeña; las nubes se apelotonaron con grandes truenos y amenazadores relámpagos, se avecinaba una gran tormenta. El santo pidió serenidad y continuó el sermón. La tormenta descargó en torno a los congregados en la plaza, sin molestarles.

En Limoges la tormenta descargó en la plaza sin molestar
a los oyentes del sermón de san Antonio

Antonio consiguió de los benedictinos de San Martín de Limoges una pequeña ermita para un convento y también fundó otro cerca de Brive (Limoges).

-En 1225 se reunió en Bourges un sínodo para examinar la evangelización frente a la herejía albigense. Antonio sugirió un cambio de actitudes y de vida a los padres sinodales comenzando por el obispo Simón de Sully: “los bienes de que dispone, fuera de los estrictamente necesarios, pertenecen a los pobres. Si no los distribuye con generosidad es un ladrón y como tal debe ser juzgado”. Simón de Sully reconoció sus errores y prometió iniciar la reforma por sí mismo e hizo de los franciscanos y los dominicos sus colaboradores preferidos en la evangelización del pueblo.

MINISTRO PROVINCIAL DE LA ROMAÑA

La muerte de Francisco de Asís, ocurrida en la Porciúncula al atardecer del 3 de octubre de 1226, sábado, fue comunicada por el hermano Elías: “Llorad conmigo, hermanos: somos huérfanos, privados de la luz de nuestros ojos.” Poco tiempo después, el hermano Elías convocaba un capítulo general para elegir al nuevo general de la orden; el capítulo se celebró el 30 de mayo de 1227. Resultó elegido Juan Parenti quien a su vez eligió a Antonio como ministro provincial de La Romaña, conocida como la provincia Emilia o Lombarda.

Durante su provincialato se fundaron al menos ocho nuevos conventos, punto de referencia en la misión evangelizadora al estilo franciscano. En el capítulo general de 1230 pidió al ministro general, Juan Parenti que lo relevase de su ministerio. Le agobiaba su situación física, se encontraba agotado y tenía una salud muy precaria.

Juan Parenti aceptó la renuncia pero le pidió que formase parte de una comisión que debía presentar al papa algunos puntos de la orden para su estudio y resolución. Gregorio IX en 1230 emitió su veredicto con la bula “Quo Elongati” invitando a los hermanos a conjugar la fidelidad al carisma con las exigencias de los nuevos tiempos: fidelidad y renovación.

Por este tiempo, Antonio predicó ante el papa y la curia romana. La “Assidua” dice que el papa lo llamó “Arca del testamento”.

PADUA.

En Padua va a pasar el último año de su vida. Padua, ciudad universitaria, le entusiasmó y Antonio la amó. La ciudad era nueva, reconstruida casi en su totalidad, después del incendio de 1174. Antonio se instala primero en la Arcella, pero el centro de sus actividades será el convento levantado al lado de la capilla de Santa María Madre de Dios, hoy capilla de la Virgen Mora.

Retirado, pero sin descansar. El cardenal Rinaldo dei Segni, que será el papa Alejandro IV, le pidió que escribiese un ciclo de sermones sobre las fiestas del año litúrgico. Este fue el regalo que dejó a la posteridad.

Una mención especial merece la Cuaresma de 1231 predicada por Antonio en Padua. La ciudad y su entorno estuvieron pendientes de su predicación. En “La Assidua” se dice: Las discordias las conducía a una paz fraterna; daba libertad a los detenidos, hacía que se restituyese lo que había sido robado con la usura o la violencia. A los principales de la ciudad se les invitó a arrepentirse y a realizar un gesto socialmente significativo.

Como fruto extraordinario de la cuaresma quiso que el Consejo Mayor de la ciudad hiciese un acto de indulgencia para con los deudores insolventes. El Consejo Mayor aceptó la propuesta promulgando el conocido “Estatuto de San Antonio” con fecha 17 de marzo de 1231.

-El podestá (alcalde) de Padua pidió la colaboración de Antonio para que lograse la liberación de los nobles güelfos patavinos, entre ellos la del conde Rizzardo de San Bonifacio. Antonio, enfermo como estaba, se acercó a Verona. Ezzelino, tirano de Verona, era un hombre frio y calculador. Recibió a Antonio, pero no le escuchó.

El santo volvió a Padua desalentado, descorazonado y cabizbajo. De todas maneras se había terminado el camino de la violencia y había comenzado el del diálogo. No se alcanzó el milagro, o más bien se prolongó la espera. A los pocos meses de la muerte de Antonio, Ezzelino, liberó al conde Rizzardo y a sus compañeros.

SU MUERTE

Antonio volvió de Verona fatigado y cansado. El viaje, el encuentro con Ezzelino y la enfermedad (asma, hidropesía, dolores de cabeza y otros achaques) le fueron minando físicamente. Buscó un poco de soledad y silencio en Camposampiero, propiedad del conde Tiso. Antonio pensaba recuperarse con la tranquilidad y el aire del campo. A su amigo Tiso le pidió preparase una pequeña cabaña en la copa del frondoso nogal.

La tranquilidad y reposo se esfumaron a los pocos días con la presencia de la gente del lugar que acudía a verle, suplicarle y escucharle. El gentío era numeroso ocupando los sembrados cercanos. La tradición cuenta que los sembrados pisados volvieron a florecer como antes, una vez que la multitud se marchó, tal como Antonio había anunciado a los labradores perjudicados.

Recibió la visita del Niño Jesús

En Camposampiero, Antonio recibió la visita del Niño Jesús, de la que el mismo conde Tiso fue espectador extraordinario.

El día 13 de junio, a la hora de la comida tuvo un desvanecimiento. Cuando volvió en sí estaba acostado y manifestó que quería ir a Padua, a Santa María. Colocado sobre un carro tirado por bueyes, se encaminaron a Padua. En el camino se encontraron con el hermano Vittonto quien les aconsejó que no entrasen en la ciudad, pues sería motivo de tumulto y confusión por lo que decidieron detenerse en la Arcella, junto al convento de las damianitas de Santa Clara.

Traslado del enfermo a Padua, pero decidieron detenerse en la Arcella

Pidió confesión y recibida la absolución, entonó el himno “¡Oh gloriosa Señora!”. Su rostro manifiesta una gran paz interior y alguno de los presentes le preguntó: “¿Qué ves?” y Antonio respondió: “Veo a mi Señor”. Murió la tarde del 13 de enero de 1231, un viernes.

HA MUERTO UN SANTO

La noticia de la muerte de Antonio llegó a Padua antes de que los frailes la anunciasen, pero el griterío de los niños “¡Ha muerto el santo – Ha muerto San Antonio!”, recorrió las calles de la ciudad. Después de no pocas diligencias entre Padua y los habitantes de Campo di Ponte, pueblo al que pertenecía el convento de la Arcella y que no quería entregar el cuerpo del santo, se llegó a un acuerdo para cumplir la voluntad de Antonio de ir al convento de Santa María en Padua.

El martes 17 tuvo lugar el traslado. La procesión fue presidida por el obispo, Conrado, el podestá, el clero y muchísimo pueblo; fue colocado en la capilla de Santa María, dentro de un sarcófago de mármol, propiedad de la catedral. Dice “La Assidua”: “muchos enfermos fueron traídos y recuperaron la salud; aquellos que no podían llegar a la tumba, eran sanados ante la presencia de todos”.

Poco tiempo después de la muerte, el obispo, junto con el clero, el alcalde y el pueblo envió una embajada al papa Gregorio IX, solicitando la canonización del franciscano Antonio. El papa nombró una comisión para llevar a cabo el proceso con la escucha de testigos y el examen de los posibles milagros, entre los cuales 53 fueron considerados prodigiosos.

Estudiado el resultado por la curia romana, Gregorio IX lo canonizaba el 30 de mayo de 1232, en Espoleto. Pio XII lo declaró en 1946 doctor de la Iglesia con el título de Doctor Evangélico. Antonio de Padua fue el segundo santo más rápidamente canonizado por la Iglesia, tras san Pedro Mártir de Verona. Es uno de los santos católicos más populares y su culto se encuentra extendido universalmente.

Basílica de San Antonio en Padua donde se guardan sus restos

Sus restos descansan en la basílica del santo, en Padua. San Buenaventura, ministro general de la orden, realizó el primer reconocimiento del cuerpo de san Antonio y observó que la lengua estaba íntegra. En el reconocimiento de 1981, los médicos especialistas hallaron todo el aparato bucal íntegro, bien conservado, entre la materia orgánica del santo.

ESCRITOS

Los escritos auténticos que nos han llegado de San Antonio son los “Sermones Dominicales “y los “Sermones in solemnitatibus Sanctorum”. Han llegado a nosotros en trece códices de los siglos XIII y XIV.

Sus Sermones contienen el pensamiento y la doctrina de San Antonio y tienen como finalidad, la gloria de Dios, edificación de las almas y consuelo de los que lo lean.

Su doctrina se puede dividir en cuatro grandes bloques:

1.-. La fe y al amor a Dios.
2.- La cristología y mariología.
3.-La teología moral.
4.- Y la doctrina del sacramento de la Penitencia.

Su espiritualidad y teología se halla en línea con la corriente agustiniana en la que destaca la influencia de la escuela de San Víctor de París y el influjo de la espiritualidad de San Francisco de Asís.

CULTO Y DEVOCION A SAN ANTONIO. EL PAN DE SAN ANTONIO

Su oficio litúrgico entró en la orden franciscana después de la canonización del santo y lo propagaron los franciscanos. Dentro de las devociones al santo del pueblo cristiano es famosa desde 1235 la del responsorio: “Si buscas milagros”, sacado del oficio ritmado escrito pro fray Julián de Espira.

Si buscas milagros, mira
muerte y error desterrados,
miseria y demonio huidos,
leprosos y enfermos sanos.

El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
los pobres van remediados,
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.

OTRAS MANIFESTACIONES DE CULTO ANTONIANO SON:

-El martes de San Antonio, que recuerda los funerales del santo y los milagros que ocurrieron aquel día.
-El pan de los pobres ó Pan de San Antonio y la Cáritas antoniana, donde se entrelazan la devoción y las instituciones asistenciales a favor de los necesitados. San Antonio de Padua siempre tuvo una estrecha relación con los pobres. Se cuenta que siendo niño acompañaba ya a su madre a socorrer a los pobres y que nunca abandonó esta preocupación.

Encontrándose en el convento y ante la petición de limosna de un nutrido grupo de pobres, les repartió todo el pan que había en el convento sin conocimiento del fraile panadero. Llegado el momento de distribuir el pan a los frailes, el panadero se dio cuenta y acudió a san Antonio para comentárselo. Este le dice que regrese y verifique si es cierto que no hay pan. Así lo hace el fraile panadero observando que las cestas de pan se hallaban llenas. Se había verificado el milagro.

-Se le invoca para recuperar personas y objetos perdidos por la estrofa del Responsorio de fray Julián de Espira: …”redímense miembros y bienes perdidos”.

-Se le solicita novio ó novia. La relación entre San Antonio de Padua y su título de casamentero, nace como mito popular en Europa ya que su historia poco tiene que ver con los matrimonios.

En la tradición popular es muy común escuchar las extravagancias de que le debes de prender una vela ponerlo de cabeza, y esconderle al niño Jesús hasta que te consiga novio, novia, marido o esposa.

  • San Buenaventura decía: “Acude con confianza a Antonio, que hace milagros, y él te conseguirá lo que buscas”. León XIII lo llamó “el santo de todo el mundo” porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.

ICONOGRAFIA: Se le representa vestido de franciscano, con los símbolos del libro de los Evangelios, el lirio (pureza) y el Niño Jesús (por la visión que tuvo en Camposampiero).

EL CORAZON DEL USURERO

El sexto altorrelieve de la Basílica de San Antonio nos presenta el milagro del usurero, cuyo corazón fue encontrado en su caja de caudales. Obra de Tullio Lombardo, 1525. Este episodio lo recoge Sicco Polentone en su biografía del santo.

«En Toscana, se estaban celebrando con gran solemnidad, como sucede en estos casos, las exequias de un hombre riquísimo. Nuestro San Antonio de Padua estaba presente en el funeral, quien, sacudido por una repentina inspiración, comenzó a gritar que el muerto no fuera enterrado en un lugar consagrado, sino junto a las murallas de la ciudad, Llamados los cirujanos, abrieron el pecho del muerto, pero no encontraron el corazón que, según la predicción del Santo, encontraron en la caja fuerte donde se guardaba el dinero. Por esta razón, la ciudadanía elogió a Dios y a su santo.