«Convertíos» – Cuaresma 2021

»»Convertíos y creed en el Evangelio.»»

Con estas mismas palabras, nuestros sacerdotes, nos marcarán con la señal de la cruz y con ceniza, a los que acudamos a las diferentes Eucaristías del día en parroquias y colegios. Nuestro Administrador Diocesano D. Vicente Robredo, presidirá este miércoles en la Catedral Santa María de la Redonda a las 20,00 horas, la Eucaristía.

Con la cuaresma, abrimos un largo paréntesis en el tiempo ordinario, y con la imposición de la ceniza, iniciamos el periodo de un nuevo tiempo litúrgico, espiritual y relevante para todos los cristianos, queriéndonos preparar dignamente para la vivir el Misterio Pascual, Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Este tiempo del Año Litúrgico llamado CUARESMA, se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: «metanoeiete», es decir «Convertíos». Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, con las palabras «Convertíos y creed en el Evangelio» y con la expresión «Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás», invitándonos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordándonos la fragilidad y la inexorable caducidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La conversión no es sino un volver a Dios, un reencuentro con él, como principio y fin, como alfa y omega de nuestra existencia y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. Y sinónimo de «conversión» es así mismo la palabra «penitencia»… Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo el ungido.

La única parábola que tiene un nombre propio es la del rico epulón y el pobre Lázaro. Dice así:

«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros acercándose le lamían sus llagas.
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. Estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; y gritando, dijo: Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas.
Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros.
Y dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos. Pero replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan! El dijo: No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán. Y les dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite».

Origen de la tradición o costumbre.

Antiguamente los judíos y otros pueblos de Oriente Próximo acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como gesto de arrepentimiento profundo. La Biblia menciona múltiples ocasiones y pueblos que utilizaban la ceniza en significado de duelo.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un «hábito penitencial». Esto representaba su voluntad de convertirse. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua.

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, comenzaba con seis semanas, 42 días antes de la Pascua, y esto sólo daba como resultado 36 días de ayuno ya que se excluían los domingos por ser la fiesta de Señor y no haciendo ayuno en esos días. Es en el siglo VII cuando se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso entre el siglo VIII y el X, el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fue simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Significado simbólico de la ceniza.

Ceniza, del latín «cinis», es el resultado de la combustión de algo por el fuego. En seguida se le dio y adquirió un sentido simbólico de muerte o caducidad, y en igual sentido de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Otras veces se ha unido la ceniza al «polvo» de la tierra: «en verdad soy polvo y ceniza», dice Abraham en Génesis. 18,27.

El Miércoles de Ceniza, miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma o como mejor lo entenderán muchos, diciendo que es el miércoles que sigue al carnaval, los cristianos realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente, fruto de la cremación de los ramos y las palmas del año pasado como ya hemos mencionado. Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Imposición de la ceniza.

Es ya obvio el porqué se llama “Miércoles de Ceniza”. En la eucaristía del día y tras leer la Palabra de Señor, se procede a la imposición de la ceniza por parte del celebrante. Son bendecidas las cenizas que van a ser impuestas sobre nuestras cabezas.

El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la cabeza o bien se la impone el diácono u otro concelebrante si lo hubiera, porque también él como hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la cabeza de los fieles, tal vez en forma de una pequeña señal de la cruz. Si parece más fácil, se podría imponer en la frente, por ejemplo a las religiosas con velo. Se utilizan las dos fórmulas, que incluso puede hacerse de forma alternativa de modo que cada fiel oiga la que se le dice a él y también la del anterior o la del siguiente.

Una fórmula apunta a la conversión al Evangelio: «Convertíos y creed el Evangelio» o también Arrepentíos y creed en el Evangelio, mientras que la otra alude a nuestra caducidad humana: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». Se acompaña también estas palabras con dos gestos complementarios: el sacerdote impone la ceniza a cada fiel, diciendo la fórmula de la ceniza y el polvo, y a continuación el fiel pasa a otro ministro que está al lado y que le ofrece el evangelio a besar, mientras pronuncia sobre él la fórmula que habla del evangelio. Resultar más expresivo así, dando la doble dimensión de la Cuaresma.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños, a los adultos y a los ancianos.

Es costumbre dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

Otras fórmulas que se pudieran utilizar en plural o singular son:
• “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
• “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás»
• “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma.

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que, por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período, no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.
Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.
Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes fiestas y comilonas, para realizar también todos los actos de los cuales se «arrepentirían» durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de muchas ciudades y de manera especial en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia.

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La limosna.

Los cristianos llamamos «limosna» al compartir con los más pobres nuestros bienes. No debe ser un aporte de lo que sobra sino un acto de amor hecho de corazón, un compartir que nos mueve a renuncia y al sacrificio. Todo viene de Dios como don. Toda nuestra vida debe convertirse en una dádiva de amor en imitación a Cristo.

La oración.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:
La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio.

Al hacer sacrificios (cuyo significado es «hacer sagradas las cosas»), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.» Palabra del Señor.

Evangelio según San Mateo (6.1-6.16-18)

Conclusión y reflexión.

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento, el de nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación también llamado de confesión, que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido, como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión, no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados, el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.
Y finalmente la CONVERSIÓN que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Claves y reflexiones que te ayuden a vivir este tiempo, con un deseo sincero rectificar el rumbo con Cuarenta días dedicados a contemplar el rostro doliente de Cristo crucificado, en el cual se nos revela nuestra identidad más íntima como hombres y como cristianos; y en el que podemos aprender, además, la lección suprema que Él vino a enseñarnos: la vida sólo tiene sentido cuando se ama, y el amor consiste en la donación plena de sí mismo a ejemplo de Cristo. En Cristo Crucificado, por tanto, encontramos el secreto para ser felices y para vivir con plenitud nuestra vocación cristiana. ¿qué sentido tiene todo esto?, ¿de qué ha servido tanto sufrimiento?

«¡Oh, vosotros, todos los que pasáis por el camino -nos dice Cristo desde la Cruz-, mirad y ved si puede haber un dolor tan grande como el mío!» (Lm 1,12). ¿Podía Dios haber hecho algo más para demostrarme su amor? Si fuese yo el único en esta tierra, la única persona necesitada de su Redención, Él se habría encarnado y habría muerto igualmente en la Cruz por amor a mí, para salvarme de mi pecado.

Te comparto algunos reflexiones que te ayuden a vivir este tiempo, con un deseo sincero rectificar el rumbo, de forma que puedas dirigir tu vida hacia Dios y corresponder un poco a su gran amor.

1. DESPRÉNDETE de tantas palabras huecas y sin sentido. Déjalas y llénate de la Palabra de DIOS. Ella guiará tus pasos hacia la Voluntad de Dios.

2. ABONA TU FE con la participación frecuente en la Eucaristía. Un peregrino, no puede llegar al final de su trayecto, sin saber por qué o por quién lo hace. El que come mi carne y bebe mi Sangre tiene Vida Eterna.

3. CARGA TU CONCIENCIA con la rectitud del Espíritu. No caigas en la tentación de pensar que tu conciencia, es aquello que te da la posibilidad de realizar, pensar o creer lo que a ti te convenga. Deja que Dios la eduque.

4. VIVE CON SOBRIEDAD estos días. No por tener mucho, se es más feliz. La felicidad la da el uso correcto y sensato de las cosas, no el despilfarro ni la simple apariencia.

5. ESPACIO DE SILENCIO y búscalo insistentemente. En el silencio, ahí, escucharás a Dios y Él te hablará al corazón. Ee en ese silencio de la Iglesia o de tú cuarto donde te encontrarás con Él.

6. COMPRENSIÓN O TU PERDÓN recapacitando sobre quién necesita de ello. Si estás enojado con alguien, derriba esos muros que os separan. Si, por el contrario, otros están distantes de ti, no dudes en pedir perdón y acercarte a ellos.

7. LEER LA PALABRA DE DIOS cada noche, aunque sólo sea un fragmento. ¿De qué nos sirve una mesa si no se sirve comida?, ¿Para qué una valiosa joya si nunca se luce?. La Biblia es la perla más preciosa y, no siempre la más codiciada, en un hogar cristiano.

Para recordar

  • ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
    Es el día en el que comienza la Cuaresma. No es el día en el que acaba el Carnaval y siempre cae en miércoles (parece obvio, pero alguno duda todavía). Da igual que el año sea bisiesto porque se cuenta hacia atrás desde la Misa de la Cena del Señor.
  • ¿Dónde se compra la Ceniza?
    En ningún sitio. Se obtiene de quemar los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.
  • ¿Por qué se impone la ceniza?
    Es un símbolo y desde ese momento, comienzan los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano que se caracteriza por el austero símbolo de estas Cenizas.
    Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.
  • ¿A quién se puede imponer?
    No hace falta ser católico para que te impongan la ceniza. De hecho, muchos catecúmenos participan en la ceremonia en preparación para su bautismo el día/noche de Pascua de Resurrección.
    Digamos que, en este sentido, es un «día de puertas abiertas»: creyente o no, niño, adolescente, maduro, mayor sin madurar o anciano. Todos. Los ateos habituales comentaristas de este blog también.
  • ¿Cómo y cuándo se impone?
    No hay reglas fijas. Depende del ámbito cultural y de las costumbres locales.
    • En los países de tradición latina, las cenizas se imponen más hacia el pelo que en la frente, espolvoreando.
    • En los países del ámbito anglosajón, con agua bendita se hace una pasta y se suele «marcar la frente».
    Después de la homilía, el sacerdote bendice las cenizas y las rocía con agua bendita. Luego se impone con una de estas dos fórmulas: Conviértete y cree en el Evangelio o Recuerda que eres polvo y al polvo volverás.
    En el Misal romano dice que mientras se canta, pero no es una simple sugerencia.
  • ¿Es obligatorio ir a misa? ¿Es día de precepto?
    No, no es obligatorio, y no, no es día de precepto. Aunque curiosamente sin «ser obligatorio» y siendo día laborable, suele aumentar considerablemente la asistencia a la Santa Misa ese día.
    Tampoco es «obligatorio» confesarse. Pero, sinceramente, parece una extraordinaria oportunidad. Tan extraordinaria como la que disfrutan los sacerdotes para explicar bien las cosas.
  • ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la cabeza o la frente?
    Lo que quieras. Los hay que se lo quitan al volver al banco de la iglesia, en especial señoras. Otros, como testimonio, esperan a que desaparezca naturalmente.
  • ¿Hace falta que la ceniza la imponga un sacerdote?
    La bendición, como todo sacramental, sólo un sacerdote o un diácono. Para la imposición pueden ser ayudados por laicos.
    La bendición e imposición de la ceniza puede hacerse también fuera de la Misa. En este caso es recomendable que preceda una liturgia de la palabra, utilizando la antífona de entrada, la oración colecta, las lecturas con sus cantos, como en la Misa. Sigue después la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. El rito concluye con la oración universal, la bendición y la despedida.
  • ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?
    El Miércoles de Ceniza no hay obligación para los católicos de imponerse la ceniza, pero sí de hacer ayuno y abstinencia según las normas generales y las particulares de cada diócesis.
    El ayuno es obligado, al igual que el Viernes Santo, a los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de los límites también se puede. Consiste en hacer solo una comida fuerte al día.
    La abstinencia de comer carne es obligada desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también lo son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año, también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de sacrificio/mortificación.

IMPOSICION DE CENIZA EN PANDEMIA DE COVID-19

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha publicado una nota en la que explica la modificación del rito del Miércoles de Ceniza, adaptándose a las medidas de seguridad sanitarias establecidas en este tiempo de pandemia.

Tal como se lee en la nota difundida por la Congregación, «pronunciada la oración de bendición de las cenizas y después de asperjarlas, sin decir nada, con el agua bendita, el sacerdote se dirigirá a los presentes, diciendo una sola vez y para todos los fieles, la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».

“Después, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla para proteger la nariz y la boca. Posteriormente, impondrá la ceniza a cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acercará a los fieles que estén de pie, permaneciendo en su lugar. Asimismo, el sacerdote tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada».

La nota fue firmada en la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 12 de enero de 2021 por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos desde 2014 y Monseñor Arthur Roche, Arzobispo Secretario.

Como buenos pastores, cuidadosos siempre de los fieles, sé que lo haréis así. Como sé del amor que esparcís con la ceniza en la cabeza y el alma de cuantos se os acercan. Una ceniza que si una vez fue fuego, ahora en la conversión volverá a serlo: fuego de Dios en el corazón de los creyentes.

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